Internet de las Cosas: una tecnología que cambiará la vida cotidiana

internet de las cosas

El Internet de las Cosas, también conocido como IdC o IoT, significa la posibilidad de conectar los objetos más allá de las terminales habituales de conexión a la red: ordenadores, smartphones, tablets… Por ejemplo, gafas con Internet, o un brazalete que puede alertar a equipos médicos cuando alguno de los signos vitales de un anciano o de una persona con graves problemas cardiovasculares se altera.

La conexión a Internet de las cosas está incrementándose paulatinamente día a día, y se prevé que para 2023 habrá alcanzado los 3.500 millones. Además, el experto Moisés Barrio Andrés, letrado del Consejo de Estado y especialista en Derecho de los robots y los drones, habla de unas previsiones de impacto económico de once billones de euros para el año 2025.

El Internet de las Cosas se ofrece a través de productos de consumo similares a los electrodomésticos, como pueda ser los coches inteligentes o la ropa tecnológica. Los datos son adquiridos por sensores incorporados en estos objetos, y a partir de ellos, se crean unas determinadas órdenes dirigidas a dispositivos de nuestro entorno. Además, su cada vez mayor integración con dispositivos de Inteligencia Artificial llevará a una eficiencia mucho mayor si cabe.

Nueva tecnología, nuevos retos

El IoT cambiará nuestra vida cotidiana, porque la integración de Internet en los objetos cotidianos del mundo real presupone numerosos retos en materia de ciberseguridad y de seguridad en general, así como de la intimidad y privacidad de las personas, entre otros aspectos no menos delicados. Todo esto, lógicamente, habrá de dar lugar a que los gobiernos y las entidades supranacionales deban poner en juego una batería de medidas para minimizar tales riesgos y peligros.

Pero aun cuando estamos habituados a centrar la atención de este nuevo Internet en los objetos de consumo diario, lo cierto es que el principal sector donde impacta es la industria. Las empresas energéticas dependen ya de sensores interconectados con la red. Para la gestión del suministro y manejo de materiales, la optimización de los inventarios y otros documentos, o las conexiones robóticas, el IoC desempeña un papel absolutamente primordial.

También las administraciones locales, en que elementos como el alumbrado público o los semáforos van entrelazándose cada vez más con esta forma de conectividad, o la agricultura y la ganadería (con sensores para detectar, por ejemplo, el nivel de humedad en los cultivos, o incluso chips instalados en las vacas) van compenetrándose con esta revolución tecnológica.

Ni un solo sector se libra de esta revolución tecnológica, que cambiará nuestra forma de interactuar con la realidad misma.

Datos: el nuevo petróleo

En la actual revolución digital, se habla de los datos como el nuevo petróleo. Vivimos en una época en que la sobrecarga de información es ya de por sí ciclópea, y tiende a incrementarse progresivamente a cada fracción de tiempo. Hay empresas como Wallmart que ya pueden realizar más de un millón de transacciones cada hora.

La cantidad absolutamente desmesurada e inabarcable de información generada permanentemente ha supuesto el pistoletazo de salida de una carrera de empresarios, técnicos y profesionales por mejorar los sistemas de gestión, velocidad, almacenamiento, acceso y transmisión de los datos. De hecho, el mercado de programas para el análisis de datos ha ido creciendo vertiginosamente (y así fue nada menos que en un 30% entre 2010 y 2014, todavía en pleno vórtice de la crisis económica global).

Sólo Google tiene ya más de 30 centros de datos, lo que equivale a un millón de servidores. Además, en el momento presente la llamada virtualización, computación en la nube o cloud computing ofrece un mayor espacio para los datos y su procesamiento a través de los centros de datos de Internet. En un entorno de datos permanentemente crecientes y cambiantes, es fundamental contar con un proveedor seguro y un buen servicio técnico. El entorno de computación en la nube ofrece un fácil acceso y asimismo una fácil integración de sistemas, requisito primordial para el Internet de las Cosas, y también para la gestión de datos en la actualidad. Esta, junto con la velocidad y almacenamiento de los datos, se ha convertido en un gran negocio.

El manejo de los datos y de los metadatos (datos sobre datos: como una etiqueta que nos informa sobre el contenido de una botella sin necesidad de abrirla), son la base del Internet de las Cosas como la respuesta rápida a cualquier necesidad inmediata desde cualquier lugar y a través de sensores instalados en los objetos más dispares.

La perspectiva de evolución de los nodos sensores del IoT

Según el informe Horizonte 2050 del Instituto Español de Estudios Estratégicos del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), los nodos sensores del Internet de las Cosas tenderán a evolucionar hacia una mayor autonomía energética y computacional, y además con inteligencia incorporada. Estos avances serán posibles gracias a las investigaciones e innovación de las industrias de los semiconductores, microelectrónica y nanotecnología.

De acuerdo con el citado informe, los nodos sensores del Internet de las Cosas en el futuro inmediato serían de los siguientes tipos:

  • Nodos sensores de Internet de las Cosas con poder de cálculo y almacenamiento suficientes como para poder dotarlos de Inteligencia Artificial para el aprendizaje automático o machine learning. Es decir, que los sensores no sólo responderán a una determinada señal o un determinado estímulo, sino que también aprenderán de su propia experiencia.
  • Nodos sensores de Internet de las Cosas con funcionamiento energético perpetuo, gracias a alimentación fotovoltaica y a baterías de alta calidad.
  • Nodos sensores de Internet de las Cosas de muy pequeño tamaño, aproximadamente de 5×5 o 10×10 milímetros, que podrían constituir el llamado polvo inteligente: sensores minúsculos de microcircuitos integrados, esparcidos por drones en zonas de difícil acceso, para obtener determinadas variables.
  • Nuevas magnitudes todavía difíciles de desarrollar en espacios cerrados: por ejemplo, el procesamiento de vídeos mediante el llamado aprendizaje profundo o deep learning: se trata nada menos que de la emulación del aprendizaje de las neuronas humanas por parte de la Inteligencia Artificial.
  • Circuitos y baterías biodegradables, de forma tal que su desecho no resulte dañino al medio ambiente. De este modo, el Internet de las Cosas podrá ser ecológicamente saludable.

El impacto del Internet de las Cosas en las PYMES será considerable, merced a la innovación en tecnologías de la información y las telecomunicaciones, que se viene promoviendo y estimulando desde las subvenciones públicas. Existen diversos programas de ayudas que colaboran a que cualquier PYME, microempresa y autónomo puedan renovar y actualizar su empresa de acuerdo con la revolución digital.

Gestión de clientes o CRM, de planificación de recursos empresariales o ERP, son algunos de los pasos previos hacia la integración tecnológica y el Internet de las Cosas que supondrán el futuro inmediato de la gestión empresarial. Estar al día es hoy más importante que nunca.

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